A nadie puede haber sorprendido que parlamentarios del Frente Amplio manifestaran que su domicilio político se encuentra más cerca del Partido Comunista que con los partidos de la ex Concertación. Sus confesiones, sin embargo, no han facilitado que el bloque haya iniciado un proceso común de “reconversión” al comunismo, sino más bien a la desintegración del grupo de representantes en varios “facciones”, que en el futuro pareciera se aglutinarán en torno a las figuras más representativas de cada “sensibilidad”.

A poco de haber irrumpido el Frente Amplio en la escena política nacional en las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2017, por allá por septiembre de 2018, en este mismo espacio advertíamos acerca de las principales características del Frente Amplio (en versión chilena) y notábamos que dicho conglomerado estaba constituido por 14 partidos o movimientos sociales, que reconocían influencias del socialismo y comunismo de las primeras décadas del siglo XX; del ideario político de Luis Emilio Recabarren y así como manifestaban convergencias con el ideólogo italiano Antonio Gramsci. Pero por sobre todo, se recalcaba su respeto y apego a la figura del ex Presidente Salvador Allende, que llevó a algunos a catalogarlos como “hijos de la Nueva Mayoría”, en el sentido de distanciarse del legado de la Concertación de Partidos por la Democracia, administraciones que fueron catalogadas (como mínimo) de “tibias”, al no haber asumido como tarea principal en término del liberalismo y de la “herencia de Pinochet”, lo que en definitiva se ha constituido el leitmotiv del Frente Amplio.

Desde tal perspectiva es evidente, por ejemplo, que un partido que dice denominarse Liberal no debiera tener espacio en un conjunto de agrupaciones que tiene entre sus objetivos principales el término del liberalismo. O el Partido Liberal no es efectivamente liberal, o no se tiene noción real de lo que representa el liberalismo, o se ha buscado un domicilio político por conveniencia (lo que no se descarta al ver su adhesión a la candidatura de Sebastián Piñera durante su primer mandato).

La identificación con los principios señalados, como los hechos que han ocurrido en los últimos años en el país, dan cuenta que la mayoría del Frente Amplio concuerda con el ideario del Partido Comunista, y el esfuerzo por constituirse en una serie de agrupaciones con mínimas diferencias en términos conceptuales, responde de alguna forma a la atomización que ha promovido históricamente dicho partido, al constituir “células” relativamente independientes, con capacidad de acción, en este caso política, con un claro sesgo utilitarista de los sistemas de partidos y electoral.

Visto desde tal perspectiva, la “iluminación” de algunos dirigentes acerca de su real militancia ideológica no viene a ser más que el sinceramiento de una posición política que muchos chilenos sospechaban. Sin embargo, también evidencia que los efectos de la denominada “ley maldita”, que proscribió al Partido Comunista durante el Gobierno de González Videla, continúa vigente en algunos sectores de la sociedad como una suerte de estigma, haciendo que muchos renieguen de él conceptualmente y constituyan agrupaciones con nombre de “fantasía”.

Si hay algo que reconocerle al seguramente candidato del PC en las próximas elecciones presidenciales, Daniel Jadue, es que nunca ha desconocido su militancia comunista (consecuencia que es valorada desde tiempos de Gladys Marín).

Si eso constituye un activo o un lastre, solo el tiempo lo dirá.

Equipo AN