Si existe un tema que atrae a millones de personas, es precisamente todo lo que tenga relación con los objetos voladores no identificados, popularmente conocidos como ovnis, y que en sus inicios fueron nombrados como platillos voladores.

A pesar de que corresponderían a un mismo fenómeno, la manera en que se denominan estas manifestaciones ha variado según la época y, en especial, el propio desarrollo de la sociedad desde fines de la década del cuarenta, periodo en el que nace la llamada «era moderna de los ovnis».

Haciendo un poco de historia, el día 24 de junio del año 1947, el piloto civil, Kenneth Arnold, realiza el primer reporte oficial: mientras volaba en las proximidades del monte Rainier, en el Estado de Washington, al norte de Estados Unidos, observó nueve objetos con forma de boomerang que se desplazaban por el aire de manera poco usual. Arnorld, comparó ese planeo con el lanzamiento de una piedra o, específicamente, como el desplazamiento de un plato sobre una superficie de agua, el cual rebota hasta que se hunde por la pérdida de velocidad. Mencioné la palabra «oficial» porque ese informe fue presentado a todas las autoridades miliares, civiles y aeronáuticas del país del norte.

Gracias a esa coloquial descripción del piloto, la prensa local bautizó aquellos objetos como «platillos voladores», manteniendo por varios años aquella designación para todo tipo de observaciones denunciadas en Estados Unidos.

Las secuelas de dos guerras mundiales, el inicio de la Guerra Fría, el lanzamiento de la carrera espacial y la herencia de la ciencia ficción, fueron los principales factores psicosociales, y en especial culturales, que despertaron un vertiginoso interés por los platillos voladores, convirtiéndolos así en una tendencia y que trajo consigo importantes secuelas que se palpan hasta nuestros días.

Luego de la oleada de reportes desde año 1947, las autoridades norteamericanas tomaron cartas en el asunto y crearon el primer programa de investigación denominado Proyecto Sign (Señal), el cual no duró más de un año y fue reemplazado por el Proyecto Grudge (Rencor), el que también fue de corta duración, ya que emitió solamente un informe a mediados de 1949. Como nota al margen, en el próximo mes de junio de este 2021, se espera un reporte del Pentágono al Congreso de Estados Unidos acerca de la investigación de casos de ovnis y muchos lo han calificado como una noticia de trascendencia historiográfica excepcional. La realidad es muy decepcionante, en el sentido que este tipo de informes, y de investigaciones, datan desde 1947 en el país del norte. Una vez más la Historia, nos demuestra que, a pesar de todo, es cíclica o se repite.

Aunque sean temas completamente diferentes, los platillos voladores fueron absorbidos por un mito mucho más antiguo y que lo contaminó al extremo que hoy son indivisibles. Me refiero a la hipótesis extraterrestre. Acá es relevante la participación de un militar retirado, el mayor Donald E. Keyhoe, perteneciente a la USMC, (Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos), quien a fines de 1950 publica un libro primordial, titulado Flying Saurcers are Real (Los Platillos Voladores son Reales). En esta publicación Keyhoe alude dos elementos sustanciales en esta materia: primeramente, señala que los platillos voladores son de procedencia extraterrestre y las autoridades lo saben, por ende y seguidamente, el gobierno negaba tener conocimiento (una frase muy utilizada en la llamada conspiración y que se escucha al inicio de cada capítulo de la famosa serie X Files).

Sin embargo, y dada la contingencia, la Fuerza Aérea Norteamericana (USAF) emprende un insólito programa a partir del año 1952, denominado Blue Book Project (Proyecto Libro Azul), el cual ha vuelto a estar en boga gracias a una serie televisiva del canal History Channel. En aquella serie, se expone que el programa de investigación se mantuvo por 17 años hasta 1969, trabajando personajes claves para la ufología, me refiero al Capitán Edward J. Ruppelt, piloto militar, y al reconocido astrofísico Josef Allen Hynek.

El mérito de ambos personajes es disímil, pero sus vínculos son imprescindibles en el futuro estudio de esta temática. Hynek, como reconocido escéptico, fue contratado para desestimar casos de platillos voladores, resultando ser un convencido de la presencia de manifestaciones anómalas sin explicación, llevándolo a escribir varios libros, creando además una agrupación denominada Cufos (Center for UFO Studies) y participara, junto a destacados científicos, en una petición formal a la ONU para centralizar los estudios oficiales de ovnis. Todos esos méritos lo convierten para muchos en el padre de la ufología.

El caso del Capitán Ruppelt es un tanto diferente, pero si apunta a que sus informes fueron aportes muy importantes para mantener distanciados los fenómenos denunciados con las explicaciones subjetivas, separando claramente los platillos voladores de la explicación extraterrestre. Producto de la contaminación ya existente, Ruppelt propuso un cambio en la nomenclatura o designación de las manifestaciones reportadas en 1952, sustituyendo Flying Saucer (platos voladores) a Unidentified Flying Object «ufo» (Objetos Voladores No Identificados), acrónimo que hasta nuestros días se utiliza. Por ende, todo lo que se observa en los cielos y no se sabe lo que es, se le denomina ovni.

 

Rodrigo Bravo Garrido
Investigador/Escritor