Las encuestas ubican a la diputada Pamela Jiles entre las primeras preferencias para convertirse en Presidenta de la República, mientras el Gobierno se encuentra atrapado en un zapato chino al verse obligado a recurrir al Tribunal Constitucional por una nueva obra de la parlamentaria. En tanto, las noches de toque de queda producto del COVID-19 se ven alteradas por las fiestas clandestinas y los fuegos artificiales activados por delincuentes que celebran sus hazañas. Parece que se nos descalibró la brújula.

 

Que la excandidata presidencial del Frente Amplio manifieste públicamente que fue un error haber patrocinado la postulación de la diputada Pamela Jiles da clara cuenta de la incomodidad que produce en las filas de la oposición contar con una figura de comportamiento imprevisible, que la lleva a superar ciertos cánones políticos establecidos entre sus pares, y que frecuentemente recurre a provocar la movilización de su eventuales seguidores con consignas más asimilables a una barra brava que a un mandato político fundamentado.

De más está señalar que en un escenario político relativamente estable, la presencia de figuras como la de la experiodista de farándula tendería a constituirse en un dato, o a lo sumo, en una rareza. Sin embargo, las actuales circunstancias que vive la política y la sociedad chilena producto de la pandemia, pero fundamentalmente a partir de los acontecimientos que siguieron al 18 de octubre de 2019, le otorgan a la diputada no sólo una mayor visibilidad pública, sino que cimentan un derrotero marcado por el populismo. Se legisla entonces para la galería, saltándose todos los procedimientos establecidos para el funcionamiento de las instituciones y se pasa por encima del orden constitucional sin ningún reparo, con la excusa de que es lo que quiere la gente.

El parlamentarismo impropio, entendido este como la supremacía informal que ha adquirido el Congreso por encima de la figura presidencial, en el que el primer mandatario debe subordinarse a las decisiones que adopte el parlamento, con la amenaza de ser destituido de su cargo si se opone, se ha impuesto en la práctica en nuestro país.

Sin dudas que en el actual estadio en que se encuentran las relaciones entre los poderes del Estado han influido una serie de factores, y los parlamentarios oficialistas que han apoyado mociones con vicios de constitucionalidad debieran realizar un efectivo examen de conciencia respecto de su responsabilidad en el establecimiento del referido parlamentarismo impropio.

Pero así funciona el virus del populismo. Y en el caso específico del sistema de pensiones, la discusión sobre un nuevo retiro de fondos desde las administradoras de fondos oculta la verdadera intención de algunos sectores, la eliminación de la capitalización individual y reemplazarla por un sistema de reparto modificado, por la vía de los hechos.

Según se ha señalado públicamente, de concretarse un nuevo retiro de fondos de pensiones, más de 5 millones de personas quedarán sin saldo a favor en sus cuentas individuales, por lo que deberá ser el Estado en su momento el que tendrá que asumir el futuro pago de las pensiones de aquellos que no alcancen a recaudar lo suficiente para cubrir sus necesidades mínimas.

Por otra parte, estudios de organismos internacionales han destacado a nuestro país como uno de los que ha entregado mayor apoyo tangible a su población, especialmente a través de trasferencias directas a los más afectados por las consecuencias económicas de la pandemia, pero también a través de subsidios. Sin embargo, la nula acción comunicacional del Gobierno en este ámbito, sumado a la escasa empatía que manifiesta respecto de los ciudadanos, no sólo ha tendido a invisibilizar tal ayuda, sino también a generar la percepción de que el manejo de la crisis sanitaria ha sido deficitario y que de ello el gobierno es el responsable exclusivo.

En tanto, la mayor parte del país se encuentra lidiando con una cuarentena relativa, ya que si bien se ha logrado disminuir en algo la movilidad de la población, y con ello moderar el crecimiento exponencial del coronavirus, aún existen fiestas y reuniones clandestinas y las organizaciones criminales continúan evidenciando su poder de fuego, tanto en acciones delictuales como en la celebración de hechos festivos, pero de eso quizás es mejor hablar después…

 

Equipo AN