Más de alguno, a estas horas, habrá escuchado que los comicios catalogados como históricos no sólo por la gran cantidad cargos a elegir sino principalmente porque se dará paso a la redacción de una nueva Constitución, son un ejemplo de democracia, de transparencia y masiva participación. Sin embargo, se obvia lo más fundamental: un cambio radical en la política nacional. No faltará el que se hará famoso afirmando que nace un nuevo Chile.

 

Los resultados que se conocen de las elecciones de este 15 y 16 de mayo evidencian un verdadero cataclismo para el oficialismo.

Las cifras que se comienzan a decantar dan cuenta que la convención constitucional estará compuesta mayoritariamente por representantes de las oposiciones, concretándose las aprensiones previas a los comicios que anticipaban que la centroderecha no alcanzaría el tercio de los constituyentes que le permitiera negociar de mejor forma el articulado de la nueva Carta Magna.

De igual forma, llama la atención el importante porcentaje de independientes que han accedido a la constituyente, contradiciendo las previsiones respecto a lo complejo que resultaría que tales postulantes resultaran elegidos y que significaron una reducción en los requisitos para la inscripción de tales candidaturas. A fin de cuentas, contaron con más ventaja que otros candidatos que, obteniendo más votos, no alcanzaron a convertirse en constituyentes debido a que su compañero de subpacto no consiguió la adhesión esperada.

El avance manifestado por el Frente Amplio y por el Partido Comunista es sustantivo, y es particularmente evidente en el caso de la elección de gobernadores regionales como en la de alcaldes. El triunfo del partido Revolución Democrática en Viña del Mar y Maipú, tradicionales bastiones de lo que ha venido a denominarse el partido del orden (que en síntesis podría caracterizarse como el antiguo orden de centroderecha-Concertación), es clara muestra de una izquierdización del electorado (que concurrió a votar), como del fracaso del Gobierno en movilizar a las fuerzas que lo llevaron a liderar el país en 2018.

La alta votación que obtuvo la candidata comunista en la comuna de Santiago, que la terminó por convertir en nueva alcaldesa electa, no sólo representa una sorpresa que ratifica lo señalado precedentemente, sino que también muestra una importante capacidad de movilización del electorado de izquierda.

Sin embargo, el oficialismo no es el único gran derrotado de estos comicios. Las fuerzas de la antigua Concertación, o ex Nueva Mayoría, tuvieron un desempeño muy desmejorado, por no decir paupérrimo. A pesar de que los representantes de la Unidad Constituyente aún tienen posibilidades de acceder a varios de los cupos de Gobernadores Regionales en una segunda vuelta (que se efectuarán el 13 de junio próximo, en 13 de las 16 regiones del país), el pobre desempeño en los comicios de convencionales y de alcaldes refleja que la debacle de la política tradicional, haciendo carne de alguna forma el eslogan de que no son 30 pesos sino 30 años.

Es evidente que los resultados de las elecciones, de todas ellas, tendrán una trascendencia única en la conformación de otro Chile, a partir de una nueva Constitución, a pesar de que la representatividad de ella podría verse cuestionada debido a la relativamente escasa participación ciudadana, que ni siquiera alcanzó al porcentaje obtenido en el plebiscito de octubre pasado, y apenas superó el 43% del potencial electoral, pero también tendrán importantes implicancias en el recorrido de los próximos meses.

Por de pronto, el próximo miércoles 19 de mayo vence el plazo para la inscripción de candidaturas para las primarias presidenciales de julio próximo. Todo indica que la centroderecha empleará este mecanismo institucional para definir al representante que defenderá sus intereses en noviembre de 2021, a pesar de que los esfuerzos de Joaquín Lavín se centren en su inmediata nominación como postulante a La Moneda. Empero, la incertidumbre se ha instalado en las huestes de las oposiciones. El ya referido fracaso de la centro izquierda “tradicional” (ex Concertación) podría redundar en modificaciones en la designación de precandidatos para una posible aventura presidencial. Entre pasillos se conversa el posible reemplazo de la representante de la DC, por la Presidenta del Senado, Yasna Provoste. Además, las cifras electorales corroboran que los precandidatos de los partidos no tienen mucho espacio para crecer.

Asimismo, en el ámbito de la izquierda extrema también pueden surgir modificaciones de último minuto que podrán significar una reconfiguración del escenario electoral venidero. Se presume que Gabriel Boric conseguirá las firmas para presentar su candidatura, pero se ignora qué sucederá con otros precandidatos “anunciados”, si en definitiva se sumará el candidato comunista, o si se sumará Pamela Jiles, o si se optará por presentar postulantes directamente en la primera vuelta presidencial, donde ya se estaría instalando, por el otro lado del espectro, José Antonio Kast.

Qué hubiera sucedido si más personas se hubieran movilizado para expresar sus preferencias políticas formará parte de la ciencia ficción; lo concreto es que quienes plantean que Chile cambió, algunos de los cuales se opusieron a la salida política que representó la negociación para la realización del proceso constituyente, estarán sentados trabajando en la elaboración de una nueva Constitución.

Cosas de nuestro Chile…

 

Equipo AN