En Chile, 6 de cada 10 casos de violencia escolar tienen como trasfondo dificultades para manejar emociones, según datos del Mineduc. Bajo este contexto, especialistas advierten que enseñar a los niños a reconocer y canalizar la rabia debería ser tan prioritario como enseñar a leer o escribir, ya que se trata de una habilidad esencial para la vida en sociedad.

La rabia no es negativa en sí misma: cumple una función adaptativa, porque nos avisa cuando algo nos molesta, duele o no se ajusta a nuestras expectativas. El problema surge cuando no se aprende a canalizar desde pequeños, lo que puede derivar en conductas dañinas hacia sí mismos o hacia los demás”, explica Paulina Bobadilla, Directora de Casa de los Niños del Colegio Epullay, institución con 30 años de trayectoria y referente en educación basada en la filosofía Montessori.

Desde la perspectiva de Bobadilla, enseñar a gestionar la rabia ayuda a los niños a desarrollar autorregulación, empatía y resolución de conflictos: “no se trata de evitar que se enojen, sino de enseñarles a identificar qué sienten, por qué lo sienten y cómo expresarlo de manera respetuosa y segura”.

La mirada Montessori: contención en vez de represión

En la filosofía Montessori, el enojo se entiende como parte del desarrollo emocional. El adulto actúa como modelo de regulación y guía al niño sin imponer, validando lo que siente pero sin justificar conductas agresivas. “Se trata de ofrecer un espacio seguro, anticipar situaciones de frustración y proporcionar herramientas concretas como un rincón de la calma, materiales sensoriales o rutinas claras”, agrega Bobadilla.

Estrategias prácticas para las familias

El aprendizaje también debe reforzarse en el hogar. Entre las recomendaciones entregadas por la especialista destacan:

·         Nombrar la emoción: “Parece que estás enojado porque…”

·         Validar sin justificar la agresión: “Está bien sentir rabia, pero no está bien pegar”.

·         Modelar autocontrol: explicar cómo los adultos gestionan su propio enojo.

·         Ofrecer vías de canalización: desde dibujar hasta realizar actividad física.

·         Usar cuentos infantiles como recurso de reflexión emocional.

·         Mantener rutinas predecibles, que brindan seguridad y reducen frustraciones.

Lo más importante es acompañar sin ridiculizar al niño por lo que siente. Con práctica y guía, aprenderá a expresar su enojo de forma sana y respetuosa”, concluye Bobadilla.

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